Por muchos años me he dedicado a estudiar la salud de la mujer, buscando generar conciencia acerca de cómo el cuerpo está diseñado para sanar.
Mi misión es ayudar a las mujeres a entender su cuerpo y encontrar la
raíz del padecimiento para lograr un cambio integral, que sea sostenible
en el tiempo.
Para empezar me gustaría referirme a una pregunta que me hacen con frecuencia acerca de si existe un vínculo o conexión entre la salud digestiva y la salud mental. Muchas veces pasamos años encubriendo síntomas o, mejor dicho, “normalizando padecimientos”. Definitivamente, hay una conexión muy importante entre el intestino y el cerebro, que se conoce como el axis intestino-cerebral.
En nuestro sistema nervioso autónomo -que es el sistema nervioso
encargado de las emociones y momentos de alerta- tenemos un nervio
llamado el nervio vago, que forma parte de los pares craneales y es uno
de los “protagonistas” del sistema nervioso.
El nervio vago, es el nervio craneal más largo, ya que se prolonga desde
el bulbo raquídeo en el cerebro hasta el tórax, atravesando la región
cervical, el tórax y la cavidad abdominal. Cuando este nervio se inflama
por alteraciones en el sistema digestivo se pueden producir otros síntomas como dolores de cabeza, cansancio, náuseas o depresión.
Algo muy importante también, es que en el intestino tenemos muchísimos
receptores de serotonina, y al mismo tiempo un 75% de la serotonina
intestinal es liberada para mejorar la captación y la absorción de la
misma. En un intestino en desbalance, automáticamente va haber menos
recaptación y absorción de esta hormona, lo que entorpece sus funciones a
nivel cerebral, causando así síntomas de depresión y ansiedad en pacientes con problemas digestivos.
Ahora bien, cuando nos encontramos en situaciones de alerta o de
muchísimo estrés, nuestro cuerpo libera unas sustancias llamadas
catecolaminas, que a nivel digestivo pueden producir un aumento de la
peristalsis, o bien, de los movimientos intestinales causando así
síntomas de dolor y diarrea.
En resumen, los trastornos digestivos pueden estar directamente relacionados con las alteraciones del sistema nervioso, una microbiota en balance disminuye el riesgo de ansiedad y depresión y de alteraciones digestivas ante el estrés.
Es fundamental entender que el estrés sin duda afecta la salud digestiva
porque es un disruptor de la barrera de protección en la mucosa
gastrointestinal. Ante situaciones estresantes, el estómago -por acción
hormonal- aumenta la producción de ácido clorhídrico y por eso muchas
personas pueden experimentar síntomas de acidez, reflujo o incluso dolor
en el epigastrio o boca del estómago.
Al mismo tiempo estas sustancias que se liberan ante el estrés
(cortisol, catecolaminas como adrenalina y noradrenalina), aumentan la
permeabilidad del intestino, empeorando síntomas en aquellas personas
que padecen de colon irritable o del síndrome de hiperpermeabilidad
intestinal.
Imaginémonos que el intestino tiene una capa mucosa de protección. Esta
capa es como el repello de una pared, pero si esa pared está llena de
grietas es lo mismo que sucedería en un intestino que no tiene una
barrera íntegra. Un intestino con barrera de protección dañada no es capaz de absorber correctamente,
ni tampoco de filtrar, por lo que los síntomas que presentan los
pacientes son los típicos de mala absorción (diarreas, cólicos,
molestias abdominales después de comer, gases, cansancio, falta de
concentración, dolores de cabeza, y en ocasiones pérdida de peso).
En conclusión, no es posible tener buen estado de ánimo si pasamos
inflamadas todo el tiempo, con cólicos, gases y molestias digestivas.
Automáticamente nuestra libido decae, nuestro humor se afecta, y nuestra
calidad de vida no es la misma.
Por todo lo anterior es muy importante entender que la alimentación
influye en un 100% en nuestro bienestar psicológico y viceversa. Siempre
les comento a mis pacientes que la famosa frase “somos lo que comemos”, debería ser "somos lo que comemos, absorbemos, metabolizamos y desechamos”.